le volcaron el mar de
humanidad,
ferozmente atractivo
y sedante,
como pedante y
destructivo,
arrasa todo y
desplaza,
apropia,
despoja de lo sublime
entre la furia de color.
Le satisfacieron el hambre de
violencia y
tiritó.
La melodía de una primavera
fría
lo acosa.
Sueños del tal vez cálido
invierno
lo suicidan
lentamente.
Florece.
El Jacarandá se abre nuevamente...
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