Salté.
melodías imperfectamente
coloridas
volaban junto a mi
cuerpo vacío de
soledad,
líneas y curvas
se confundían con
agujeros en mi mente
soleados e
inmaculadamente inconfundibles
a mi atardecer salvaje.
Débiles acordes de muerte
golpeaban las puertas de mi ser
cubiertos eternamente
por el sonido de una maravillosa vida y
reconocida agonía;
nos mezclábamos y
éramos eternos.
La única música, me dije, es la que viene de adentro hacia fuera.
Y caí.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
4 comentarios:
Chica ~ te comento que desde que emepezé a leer el texto lo leí tann rápido que era como si yo me estubiera cayendo.
que perfecta!
nadieenelmar@h.....
Hey you
Publicar un comentario