martes, 19 de diciembre de 2006

Salté.






melodías imperfectamente
coloridas
volaban junto a mi
cuerpo vacío de
soledad,
líneas y curvas
se confundían con
agujeros en mi mente
soleados e
inmaculadamente inconfundibles
a mi atardecer salvaje.
Débiles acordes de muerte
golpeaban las puertas de mi ser
cubiertos eternamente
por el sonido de una maravillosa vida y
reconocida agonía;
nos mezclábamos y
éramos eternos.

La única música, me dije, es la que viene de adentro hacia fuera.


Y caí.

4 comentarios:

sofía dijo...

Chica ~ te comento que desde que emepezé a leer el texto lo leí tann rápido que era como si yo me estubiera cayendo.

m. dijo...

que perfecta!

m. dijo...

nadieenelmar@h.....

Lu dijo...

Hey you